UN
FIN DE SEMANA DE REGALO
El fin de semana pasado fue
mi cumpleaños. Cansados de tantos regalos normales mi mujer me anunció un
regalo sorpresa unos días antes. Me dijo: “No planees nada que nos vamos de fin
de semana sorpresa por tu cumple”. Hubo varios días de suspense, sin soltar
prenda, y después de unos 350 kilómetros, por fin supe que íbamos a Gallocanta.
Había estado allí hace muchos años y no esperaba encontrarme un Hotel tan
tranquilo y luminoso. Unos ventanales enormes sobre fondo de campo y agua
plana. Una serenidad en el ambiente que no estamos acostumbrados a soportar en
las ciudades. Los salones comunes, con esos ojos tan grandes, te invitaban a
relajar las sienes. Y para colmo, escuchando levemente música de fondo de
George Winston y Nightnoise. Y las cenas, de profesional. He ido a muchas casas
y hoteles rurales y casi nunca he usado los salones comunes que me parecían
habitáculos forzados por la costumbre. Aquí los he disfrutado. Y por supuesto en
este viaje sentimos el espectáculo africano de las grullas en el ocaso, hordas
de modernos dinosaurios haciendo lo que pueden. Por último, en el pueblo de
Berrueco estuvimos de charleta con una de las “once almas de uno de los cuatro fuegos” como Ana llama a
los habitantes de las cuatro casas del pueblo. Buenos recuerdos por el camino.
De Javier y Mercedes desde
Alicante.